INFANCIA Y ADOLESCENCIA

INFANCIA

En el caso de la infancia, las problemáticas más habitualmente tratadas son: ansiedad, baja autoestima, enuresis, miedos, fobias, desadaptación, trastorno de conducta, bajo rendimiento escolar, déficit de atención con/sin hiperactividad, etc.

¿Los niños/as también tienen ansiedad?

 Sí, aunque los síntomas no suelen ser muy claros, desde su entorno más cercano, la familia, puede observar: dolores de cabeza, llanto, mareos, palpitaciones, temblores, dolores abdominales,… van al pediatra y se descarta una causa orgánica.

Los tipos de ansiedad más frecuentes en los niños son: ansiedad por separación y fobia escolar.

Entonces, conviene preguntarse si ha ocurrido algo en su entorno que ha podido producir esta sintomatología o si varios pequeños sucesos y el tipo de personalidad del niño lo han producido.

Si esto está interfiriendo en la vida del menor, es el momento de hacer una consulta a un psicólogo para realizar una valoración y descubrir qué está produciendo este sufrimiento y dotarle de herramientas para que maneje esta ansiedad de una forma más satisfactoria.

La depresión infantil

 Los síntomas en los niños son diferentes que los que encontramos en los adultos, esto puede dificultar su detección.

En los niños el psicólogo encuentra: fatiga, dolor de cabeza, irritabilidad, se sienten tristes o disfóricos, hablan poco con la gente,…

Las causas de la depresión infantil suelen estar relacionadas con: discordia de los padres, pérdida o separación prolongada materna/paterna, carácter autoritario de los padres, problemas en la escuela y fundamentalmente, con el rendimiento académico. Otras causas son: amenazas, bullying,…

Niños/as en duelo

 A lo largo de estos años, como psicólogo clínico, he tenido la posibilidad de trabajar con muchas personas en duelo, tanto en mi consulta privada, como en Osakidetza.

El duelo es una reacción normal a la pérdida. Puede ser de dos tipos: físico (tangible) o simbólico (psicosocial).

El duelo fue por primera vez investigado por Erich Lindemann en el Hospital General de Massachusetts tras un incendio accidental en el que perdieron la vida unas 500 personas. Él observó que había patrones similares en unas 100 personas que describió como duelo normal, son los siguientes: culpa y autorreproche, ansiedad, soledad, fatiga, incapacidad, shock, anhelo, emancipación, alivio y adormecimiento.

Las sensaciones físicas, aunque no se presentan con mucha frecuencia, son: vacío en el estómago, atoramiento en la garganta y el pecho.

Factores de riesgo

  • Muerte de uno de los padres antes de los 4 años.
  • Trastorno mental del padre superviviente.
  • Problemas de comportamiento previos.
  • Adaptación familiar inadecuada.

 

En nuestra práctica, nos sirve la clasificación llevada a cabo por varios autores de las fases del duelo:

  • Fase de evitación, en la que hay shock, negación e incredulidad. También la llamamos fase de “anestesia”, porque nos extraña sentirnos así de bien. Es muy marcada la dificultad para aceptar la pérdida, se habla en presente del fallecido. La negación de la pérdida nos ayuda a ir poco a poco afrontándola.
  • Fase de confrontación, el duelo es más intenso, son frecuentes la rabia y la tristeza. La culpa también es frecuente y normal en las fases tempranas del duelo. También es una respuesta natural la rumiación obsesiva sobre el fallecido.
  • Fase de restablecimiento, la persona aprende a vivir con la pérdida, la energía emocional se recoloca en otras personas, nuevas ideas o nuevos proyectos.

 

 

El tratamiento con los niños está dirigido a: restablecer la autoestima, técnicas de habilidades sociales, técnicas de relajación y modificación de hábitos, principalmente.

ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa en la que queremos descubrir el mundo exterior y alejarnos de lo conocido. Está acompañada de una gran alteración hormonal. Esto puede llevar a conflictos familiares, bajo rendimiento escolar, depresión, ansiedad, obsesiones, trastornos de la alimentación, etc. Suele ser una etapa bastante conflictiva y afecta tanto al adolescente como a la familia.

Además, los adolescentes suelen tener bastantes resistencias a las intervenciones profesionales. Por este motivo, este es un punto importante a trabajar con ellos y sus padres al comienzo de la terapia.

La ansiedad en los adolescentes

Los adolescentes con altos niveles de ansiedad presentan una preocupación excesiva, que está presente más  días que ausente. Les resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.

Muestran algunos de estos síntomas: inquietud o impaciencia, fatigabilidad fácil, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular, alteraciones del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación al despertarse de sueño no reparador). Muchas veces se quejan de dolores de estómago y de cabeza. Además, frecuentemente, buscan la aprobación de los demás y son descritos como “perfeccionistas”, “ávidos por complacer a otros” y “excesivamente maduros”.

La ansiedad, la preocupación o los síntomas corporales producen un malestar que interfiere en su vida.

La depresión en los adolescentes

Los síntomas más habituales que el psicólogo observa son: enlentecimiento psicomotor, duermen mucho, problemas de alimentación (comer en exceso o dejar de comer,…), consumo de sustancias tóxicas, problemas disociales,… cambios de humor a últimas horas de la tarde, falta de disfrute por actividades cotidianas, sentimientos de culpa, autoimagen negativa, dificultades para concentrarse, ideación suicida (en los casos más graves).

La psicoterapia va dirigida tanto a las familias como a los adolescentes.  Nuestro objetivo es el cambio del estado de ánimo del adolescente. Además, se realiza coordinación con centros escolares, cuando se estima necesario.

El duelo en los adolescentes

En muchas ocasiones, los adolescentes hablan con sus padres sobre la pérdida de un ser querido pero cuando una familia está traumatizada por la muerte de uno de sus miembros, como resultado de su dolor individual y colectivo, los supervivientes a menudo se pueden aislar y sentirse solos debido a la incomunicación.

En estos casos, no se habla para no dañar al otro pero esto puede hacer que no se elabore el duelo de una forma adecuada. Los síntomas pueden aparecen meses más tarde de la pérdida sin saber a qué atribuirlos.